¿Y si Madame Bovary hubiera tenido Whatsapp?

Sí, es imaginar mucho. Pero puestos a hacerlo, hagámoslo bien hecho. Imaginemos Emma Bovary, el personaje de Gustave Flaubert, dando un salto de la sociedad encorsetada del siglo XIX en cualquier ciudad media en abril de 2012. Trepa en unos tacones de palmo o vestida con vaqueros y zapatillas; trabajando de community manager en una multinacional, estudiando, haciendo de abogada, de ama de casa o de cajera en un supermercado. Como sea, pero con Smartphone y, sobre todo, con Whatsapp.

Madame Bovary era una romántica que se aburría y soñaba ser quien no era; que tuvo varios amantes para escapar de un mundo que la ahogaba (y volver después a la dura realidad); que hacía equilibrios para mantener el marido engañado y desplegaba todo de estrategias de seducción sutiles para adecuarse a los cánones de la época. Imaginemos ahora en cualquier lugar: de mañana en el metro, en una pausa en el trabajo o en la tarde, con el marido roncando a su lado en el sofá, escribiéndose WhatsApp con el amante de turno, dando cuerda a su imaginación romántica, quedando con él. Y todo, de la manera más discreta posible.

Le habría sido más sencilla, la vida, a Madame Bovary? O quizá se le habría complicado hasta puntos que ni la literatura de Flaubert habría podido arreglar? Imaginemos de nuevo al marido, sintiendo vibrar el móvil de Emma mientras ésta se ducha, y sucumbiendo a la tentación de desplegar aquel verde vibrante del Whatsapp. O el amante, montando una escena en el trabajo de ella después de que durante dos días no le devolviera los mensajes que sabe a ciencia cierta (el doble check no engaña) que ha leído.

Que cada uno se sume a la opción que desee. Lo que es seguro es que las relaciones, personales, sociales y profesionales, no pueden volver a ser las mismas de antes. Sin ir más lejos, Twitter (con sólo 6 años de vida) ya ha construido sus normas de urbanidad y civismo, que difieren notablemente de las del mundo analógico (domingo La Vanguardia publicaba un artículo interesante al respecto). Si no sabes cómo comportarse te puedes dar tanto la nota como apareciendo en una fiesta de etiqueta con hawaianas y bermudas. En las manos de cada uno está entrar en el juego o quedarse fuera.

La urbanidad en Twitter. La Vanguardia, 8 d’abril de 2012