Organización analógica de una semana digital

A lo largo de toda esta semana Barcelona ha acogido la Social Media Week, un evento internacional que llegaba por primera vez en la ciudad. Repartidas entre la facultad de Comunicación de Blanquerna, la fábrica Morirtz y el hotel Pulitzer, se han llevado a cabo más de 30 ponencias, talleres y actividades para explorar las repercusiones sociales, culturales y económicas de las redes sociales.

El equipo Dívik nos dejamos caer el miércoles, el día en que todas las charlas giraban en torno del «Social Media Marketing». Sesión tras sesión hicimos sumergirnos en los contenidos de una jornada que fue in crescendo, , y que nos aportó nuevos conceptos, nos presentó novedades y nos invitó a la reflexión. Vimos salir con la cabeza llena de ideas, una larga lista de aplicaciones y nuevas redes sociales para descubrir y muchos temas sobre los que debatir y reflexionar.

Pero también salimos chocada por el contraste entre las novedades de social media que se explicaron conceptualmente en la sala y el sistema de organización totalmente analógico de las jornadas. Es decir, dentro los ponentes nos dejaban impresionados y con ganas de saber más de, por ejemplo, las nuevas aplicaciones (algunas muy útiles y las demás simplemente divertidas y curiosas) que cambian la forma de consumir Internet y entender la vida de los consumidores . Afuera, y después de habernos descargado hace tiempo una app del Social Media Week y haber tramitado todas las inscripciones vía web, tuvimos que hacer cola para recoger los tickets de las sesiones de la mañana, que nos dieron después de buscar nuestro nombre en un largo listado en papel (ordenado alfabéticamente con post-its), entregarlos a la entrada para que nos los rasgones manualmente y repetir la misma operación al mediodía para poder entrar a las sesiones de la tarde. Incongruente, discordante y nada adecuado.

Disonancias en parte, de la jornada del miércoles nos quedamos, sobre todo, con la conexión vía videoconferencia con Hangout con Londres, París y Nueva York que hizo Pauline Butor, de Google+; con la charla sobre cómo aplicar la creatividad en las estrategias de marketing que hizo la directora creativa freelance Emma Pueyo, que se llevó el aplauso de la sala al afirmar que «una presencia exitosa en redes sociales requiere capacidad analítica y una buena inversión «; con la introducción del concepto de ROPO (Research online, purchaise offline) y los numerosos ejemplos aportados por Christian Palau, experto en Marketing & Mobile, y con el case study de Moritz, desenfadado, sin complejos, estratégico pero con un punto loco presentado por Leticia Rodríguez, social media manager de la marca.

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